n°1. Amor a Jesús
“El amor hacia Jesucristo no se debe caracterizar
por un afecto
solamente interior,
sino que debe pasar a los hechos.” (PJF)
Amar a Jesús implica querer imitarlo y tomarlo a Él como modelo de mi propia vida. No significa sólo vivir como Cristo, sino ser otros Cristos. Para eso es necesario conocerlo por medio de Su Palabra y la Eucaristía.
n°2. Amor a la Eucaristía
“La santa Comunión, más que cualquier otro medio,
más que
cualquier
otro Sacramento,
hace a los Santos, produce la santidad.” (PJF)
Para vivir en Gracia necesitamos nutrirnos de la fuente misma de la Gracia: la Eucaristía, fuente de Amor y Vida. Y si amamos a Jesús ¿cómo no vamos a querer vivir con Él? Hagamos Común-Unión con Dios, nuestros hermanos, tal como lo hizo María.
n°3. Amor a María
“Los santos demuestran su amor a Dios con frecuentes actos de caridad,
en cambio María lo amó con un solo acto, incesante.” (PJF)
“A Cristo por María” Qué mejor Maestra para conocer a Jesús que su propia Madre. Ella fue la primera en tener a Cristo en su vida y en su corazón. Sólo así fue capaz de asumir el dolor que significó para ella estar a los pies de la Cruz de su Hijo.
n°4. Amor a la Cruz
“Si quieres estar con Jesús,
acomódate en la Cruz con Él, pero alegremente.” (PJF)
Sin muerte no hay Resurrección… y para que podamos descubrir el valor de la Cruz, debemos dejar de verla como un obstáculo para nuestra vida y empezar a verla como nuestra llave para el Paraíso. Por eso frente a la angustia y la adversidad, debemos tener confianza en Dios.
n°5. Confianza en Dios
“Este es el signo de la santidad:
decidirse a dar el corazón enteramente a Dios.” (PJF)
Al igual que María Santísima, debemos entregar nuestro corazón a Dios y confiar en el Proyecto de vida que Él nos propone… pero ¿cómo saber qué es lo que el Señor quiere de mi? Conversando con Él y entrando en un diálogo íntimo y sincero, a través de la Oración.
n°6. La Oración
“La oración es remedio para todos los males,
pero no se conoce remedio contra la falta de oración.” (PJF)
La base de una buena relación es la confianza y el diálogo, por eso la oración no es sólo un momento al día que se hace a las apuradas: debemos estar en constante diálogo con Dios, cuando estamos felices o cuando estemos tristes, aprendiendo a dar gracias, alabar, pedir por una intención, o pedir perdón (para lo cual el medio más efectivo es la Confesión).
n°7. La Confesión frecuente
“El pecado es como una espina metida en el corazón:
hasta que no se saca no deja de pinchar.” (PJF)
El Pecado nos aleja del Amor de Dios, por eso debemos erradicarlo de nuestra vida, aun cuando sean pecados pequeños, ya que al igual que una bolita de nieve, va creciendo cada vez más volviéndose más difícil de detener. Para esto es necesario el conocimiento personal: reconocer con humildad nuestras virtudes, limitaciones y defectos.
n°8. La Humildad
“Humildad no es creerse capaces de poco o nada,
más bien significa
creerse capaces de todo con la Gracia de Dios.” (PJF)
San Pablo dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil.4 , 13). Además, ser humilde es saber escuchar al otro, es saber mirar la realidad y tomar parte en ella; buscando llegar al corazón del otro para mostrar a Cristo.
n°9. La Pureza
“La verdadera pureza ha de comenzar por el corazón, porque de ahí provienenlas acciones. Si el corazón está manchado, el hombre entero queda manchado. La impureza no sólo se refiere al desorden de la sensualidad, sino también al deseo inmoderado de bienes materiales, a la actitud que lleva a ver a los demás con malos ojos, con torcida intención, a la envidia, al rencor, a la inclinación egocéntrica de pensar en uno mismo con olvido de los demás, a la abulia interior, causa de ensueños y fantasías que impiden la presencia de Dios y un trabajo intenso”. (PJF)
Aquí nuestro mejor modelo es la Sagrada Familia de Nazareth, ya que vemos en Cristo, María y José, la vivencia concreta de un corazón puro que sólo busca servir al Señor y a los hermanos, en fidelidad a la Voluntad de Dios.
n°10. La Obediencia
“Cuando habla Dios no se debe discutir, no se debe pretender de comprender
las razones de sus órdenes: humildemente se debe obedecer.” (PJF)
¡Virtud tan olvidada! La obediencia a los mandatos de Dios, de Cristo y de la Iglesia, son fundamentales y necesarios para ser hombres libres y plenos. Como cristianos debemos asumir el llamado que el Señor nos dirige: la vocación a ser felices y a ser Santos, la que implica una responsabilidad de ser misioneros y apóstoles del Evangelio, partiendo desde nuestro hogar.