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bandera vaticano Eucaristía, fuente de la Moral Cristiana
Fuente: Sínodo de los Obispos. XIª Asamblea General Ordinaria
La Eucaristía: Fuente y cumbre de la vida y de la Misión de la Iglesia
"Instrumentum Laboris", Parte IV, Capítulo I, n° 72-74 Ciudad del Vaticano, 2005

«Permaneced en mí como yo en vosotros.
Lo mismo que el sarmientono puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid,
así tampoco vosotros si no permanecéis en mí» (Jn.15, 4)

72. La metáfora del Evangelio de San Juan, incluida en el discurso de la Última Cena, adquiere un significado no solo eclesial, sino también moral, puesto que la vida de la gracia, recibida a través de la Eucaristía, es garantía de la verdadera comunión eclesial y también de una vida moral caracterizada por la buenas obras y por la rectitud en el obrar, propia de quien está vitalmente unido a Cristo.

No pocas respuestas a los Lineamenta(1) insisten en el sentido personal y eclesial de la Eucaristía en relación a la vida moral, a la santidad y a la misión en el mundo. La permanente presencia y acción del Espíritu Santo, don del Señor resucitado, recibido mediante la Comunión, es la fuente del dinamismo de la vida espiritual, de la santidad y del testimonio de los fieles.

Por lo tanto, la Eucaristía y la vida moral son inseparables, ya sea porque nutriéndose del santo Sacramento se obtiene la transformación interior, ya sea porque a Jesús-Eucaristía tiende el hombre renacido en el bautismo a la vida según el Espíritu, nueva vida moral, que no es según la carne.

La Eucaristía refuerza verdaderamente el sentido cristiano de la vida, en cuanto su celebración es un servicio a Dios y a los hermanos e impulsa a dar testimonio de los valores evangélicos en el mundo. Así, las tres dimensiones de la vida cristiana, liturgia - martyria - diakonia, manifiestan la continuidad entre el Sacramento celebrado y adorado, el compromiso a ser testigos de Cristo en medio a las realidades temporales y la comunión construida a través del servicio de la caridad, sobre todo en favor de los pobres.

subir 73. Diversas respuestas han insistido en la relación entre Eucaristía y vida moral evidenciando una notable conciencia de la importancia del compromiso moral derivado de la comunión eucarística. No faltan alusiones al hecho que muchos se acercan al Sacramento sin haber reflexionado suficientemente sobre la moralidad de la propia vida.(2) Algunos reciben la Comunión aún negando las enseñanzas de la Iglesia o sosteniendo públicamente opciones inmorales, como el aborto, sin pensar que están cometiendo un acto de grave deshonestidad personal y causando escándalo.

Además, existen católicos que no comprenden porqué es pecado sostener políticamente un candidato abiertamente favorable al aborto o a otros actos graves contra la vida, la justicia y la paz. De esta actitud resulta evidente, entre otros aspectos, que está en crisis el sentido de pertenencia a la Iglesia y que no es clara la distinción entre pecado venial y mortal.

En muchas respuestas se observa que ciertos católicos no se distinguen mucho de otras personas en cuanto, también ellos, ceden a la tentación de la corrupción, en sus diversas expresiones y niveles.

A menudo se separan las exigencias específicas de la vida moral de la misión de la Iglesia como maestra de vida, de modo que se considera necesario filtrar sus enseñanzas a través de la conciencia individual. En otros ámbitos, los Pastores se han empeñado en clarificar porqué es contradictorio invocar la libertad de conciencia o la libertad religiosa como criterio para no prestar atención a las enseñanzas de la Iglesia. Se insiste sobre el deber de los fieles de buscar la verdad y de tener una conciencia recta.

Muchos, sin embargo, tratan de inserir la Eucaristía en la propia vida y de considerarla como fuente de gracia vencer el pecado. Esto tiene lugar especialmente en las parroquias, donde hay una fuerte presencia de varios ministerios, de organizaciones caritativas, de grupos de oración y de asociaciones laicales.

subir 74. De las respuestas a los Lineamenta emergen también algunas sugerencias para superar la dicotomía entre la enseñanza de la Iglesia y la actitud moral de los fieles:
- En primer lugar, se señala la conveniencia de dar siempre más relieve a la necesidad de la santificación y de la conversión personales y de enfatizar aún más la unidad entre la enseñanza de la Iglesia y la vida moral.
- Además, los fieles deben ser continuamente estimulados a tomar conciencia que la Eucaristía es fuente de la fuerza moral, de la santidad y de todo progreso espiritual.
- Finalmente, se considera de fundamental importancia poner de manifiesto en la catequesis el vínculo entre la Eucaristía y la construcción de una sociedad justa, a través de la responsabilidad personal de cada uno en la participación activa de la misión de la Iglesia en el mundo. En este sentido, una especial responsabilidad corresponde a los católicos que ocupan cargos relevantes en política y en varias actividades sociales.

La Iglesia tiene gran esperanza en sus jóvenes, siempre atentos a la Eucaristía, valioso tesoro, fuente inagotable para la renovación de la vida de la Iglesia y para la esperanza del mundo. Por lo tanto, no sorprende que el tema elegido para la Jornada Mundial de los Jóvenes, en Colonia del 16 al 21 de agosto de 2005, «Hemos venido a adorarle» (Mt.2, 2), tenga también un profundo significado eucarístico.

Merece especial atención el válido aporte que este importante evento ofrece a la reflexión sinodal. A este respecto, el Papa Juan Pablo II había dicho: «La Eucaristía es el centro vital en torno al cual deseo que se reúnan los jóvenes para alimentar su fe y su entusiasmo».(3) Por ello, justamente se sugiere que también en las escuelas católicas se dé más importancia a la educación de las jóvenes generaciones en la fe y, particularmente, a la espiritualidad eucarística.

La Eucaristía, que es Presencia del Cuerpo y Sangre de Jesucristo Resucitado, conduce a la perfección y a la santidad en la vida cristiana. Para alcanzar tal ideal es necesaria la gracia de Dios, la buena disposición de los creyentes y una permanente catequesis para cada categoría de personas.


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Notas

1.
Lineamenta:
Documento publicado al comienzo del año 2004 con la intención de suscitar una vasta reflexión eclesial sobre el misterio de la Eucaristía, celebrado y adorado en las diócesis y en las comunidades de la Iglesia Católica y anunciado al mundo entero. En efecto, el documento ha sido enviado a las Conferencias Episcopales, a las Iglesias Orientales Católicas sui iuris, a los Dicasterios de la Curia Romana y a la Unión de los Superiores Generales, con el explícito pedido de responder, después de haber reflexionado y rezado, a un Cuestionario sobre diversos argumentos relacionados con la Eucaristía. Además, el mismo documento ha sido ampliamente difundido en la Iglesia y en el mundo a través de los medios de comunicación social. El Pueblo de Dios, guiado por sus Pastores, ha respondido bien a esta consulta, ofreciendo válidas contribuciones sobre el tema, en vista de la preparación de la asamblea sinodal. En varios países fueron promovidas discusiones a nivel de las diócesis, de las parroquias y de otras comunidades eclesiales. Se ha tratado, por lo tanto, de una profunda reflexión sobre la fe y sobre la praxis eucarística a nivel de la Iglesia universal.
Las reacciones llegaron a la Secretaría General bajo forma de "respuestas", de parte de los organismos antes mencionados, con una notable dimensión colegial, y bajo la forma de "observaciones" de parte aquellos que, espontáneamente, han querido contribuir al proceso sinodal. Los frutos han sido recogidos en el presente Instrumentum laboris, que es una síntesis fiel de las contribuciones recibidas.

2. Cf. Ioannes Paulus II, Adhort. Ap. Familiaris consortio
(22 Noviembre 1981), 79-85: AAS 74 (1982) 180-187.
3. Ioannes Paulus II, Litt. Ap. Mane nobiscum Domine
(7 Octubre 2004) 4: L'Osservatore Romano (9 Octobris 2004), 5.
 

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