Pequeña y humilde es nuestra familia religiosa. Sin embargo, está destinada por Dios a aportar algo pequeño en el hermoso Jardín de la Iglesia, que en la variedad de carismas, embellece y complementa.
Que con la ayuda de la Virgen, nuestra Madre podamos ser semillas de fecundidad en el mundo, y en América Latina, esperanza de la Iglesia.
Es la perfección de la caridad que se alcanza con la práctica de los consejos evangélicos vividos en los 3 votos de pobreza, castidad y obediencia; y con el apostolado en íntima unión a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.
Estamos seguros que la vocación es un don de Dios para el hombre, por eso nos sentimos comprometidos a promover, cuidar, sostener y favorecer a los jóvenes con inquietud para la vida religiosa y al sacerdocio.
Compartimos nuestra vida cotidiana: nos complementamos unos con otros en las distintas tareas. Ponemos en común nuestros bienes materiales y la riqueza interior.
En la vida cristiana y al servicio de los demás, en colegios y parroquias.
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