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Elije la Oración que buscas:
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| "Como en el mundo
con el dinero se resuelven
todas
las necesidades materiales,
así
con la oración
se solucionan
todas las necesidades espirituales." (Padre Frassinetti) |
Padre Nuestro,
que estás en el Cielo
santificado sea tu Nombre,
venga a Nosotros tu Reino,
hágase tu Voluntad
en la tierra como en el Cielo.
Dános hoy
nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas
como también
nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes
caer en tentación
y líbranos del mal.
Amén. |
Dios te Salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tu eres
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto
de tu vientre Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros
pecadores,
ahora
y en la hora
de nuestra muerte.
Amén. |
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén |
Te pedimos Señor,
que sigas bendiciendo y enriqueciendo a tu Iglesia,
con los dones de tus vocaciones. Te pedimos que sean muchos los que
escuchen tu voz
y sigan alegrando a tu Iglesia, con la generosidad
y fidelidad
de sus respuestas. Amén.
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V. El Ángel del Señor anunció a María
R. Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo
V. Dios te Salve María ...
V. He aquí la esclava del Señor
R. Hágase en mi según tu palabra
V. Dios te Salve María ...
V. Y el Verbo se hizo Carne
R. Y habitó entre nosotros
V. Dios te Salve María ...
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Cristo.
V. Oremos:
Infunde, Señor tu gracia en nuestros corazones
para que cuantos, por el anuncio del ángel,
hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo,
por su pasión y su cruz lleguemos a la gloria
de su Resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
R. Amén.
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V. Reina del Cielo, alégrate, ¡aleluya!
R. Porque Cristo a quien llevaste en tu seno ¡aleluya!
V. Ha resucitado, según su palabra ¡aleluya!
R. Ruega al Señor por nosotros ¡aleluya!
V. Alégrate y regocíjate Virgen María ¡aleluya!
R. Porque resucitó verdaderamente el Señor ¡aleluya!
V. Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo,
Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo
de alegría,
concédenos, por intercesión de su Madre,
la Virgen María,
llegar a los gozos eternos.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amen. |
El Rosario

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1. La encarnación del Hijo de Dios.
2. María visita a su prima Isabel.
3. El Nacimiento de Jesús en Belén.
4. La presentación de Jesús en el Templo.
5.Jesús perdido y hallado en el Templo.
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1. La oración de Jesús en el huerto.
2. Jesús flagelado y atado a la columna.
3. La coronación de espinas.
4. Jesús es cargado con la cruz.
5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.
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1. La Resurrección de Ntro. Señor Jesucristo.
2. La Ascensión de Jesús al Cielo.
3. La Venida del Espíritu Santo en Pentecostés.
4. La Asunción de la Virgen María al Cielo.
5. La coronación de la Virgen María
como
Reina
y Madre de todo lo creado. |
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1. El Bautismo del Señor en el Jordán.
2. La manifestación de Cristo en las
Bodas de Caná.
3. Anuncio del Reino, llamado a la conversión.
4. La Transfiguración del Señor.
5. La institución de la Eucaristía. |
Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti clamamos lo desterrados hijos de Eva.
A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
¡Ea! pues, Señora abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros Santa Madre de Dios,
para que
seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
Amén. |
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea, en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa, Virgen y Madre María,
yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón.
Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.
Amén. |
¡Oh María!,
durante el bello mes que te está consagrado,
todo resuena
con tu nombre y alabanza.
Tu santuario resplandece con nuevo brillo
y nuestras manos
te han elevado
un trono de gracia y de amor,
desde donde presides nuestras fiestas
y escuchas nuestras oraciones y votos.
Para honrarte hemos esparcido
frescas flores a tus pies,
y adornado tu frente
con guirnaldas y coronas.
Mas ¡Oh María!
no te das por satisfecha con estos homenajes.
Hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan,
y coronas que no se marchitan.
Estas son las que esperas de tus hijos,
y la más bella corona
que pueden poner a sus pies
es la de sus virtudes.
Sí, los lirios que tu nos pides
son la inocencia
de nuestros corazones;
nos esforzaremos, pues,
durante el curso de este mes consagrado a tu gloria,
¡oh Virgen Santa! en conservar nuestras almas puras
y sin mancha, y en separar
de nuestros pensamientos,
deseos y miradas aún la sombra misma del mal.
La rosa cuyo brillo agrada a tus ojos es la caridad,
el amor a Dios y a nuestros
hermanos.
Nos amaremos, pues, los unos a los otros como hijos
de una misma familia
cuya madre eres tú,
viviendo todos en dulzura de una concordia fraternal.
En este mes bendito procuraremos cultivar
en nuestros
corazones la humildad,
modesta flor
que te es tan querida,
y con tu auxilio
llegaremos a ser puros,
humildes,
caritativos, pacientes y esperanzados.
¡Oh María! haz producir en nuestros corazones
todas estas amables virtudes;
que ellas broten,
florezcan
y
den al fin frutos de gracia,
para que podamos
ser algún día
dignos hijos
de la más Santa y la mejor de las Madres.
Amén.
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¡Oh María Madre de Jesús nuestro Salvador,
y nuestra buena Madre!,
nosotros venimos a ofrecerte
con estos obsequios
que
colocamos a tus pies,
nuestros corazones deseosos
de ser agradables,
y a solicitar de tu bondad
un nuevo ardor en tu santo servicio.
Dígnate presentarnos a tu Divino Hijo;
que en vista
de sus méritos y a nombre
de su Santa Madre,
dirija nuestros pasos por el sendero de la virtud.
Que haga lucir con nuevo esplendor,
la luz de la fe
sobre
los infortunados pueblos
que gimen por tanto tiempo
en
las tinieblas del error; que vuelvan hacia El,
y cambie
tantos corazones rebeldes,
cuya penitencia regocijará su corazón y el tuyo.
Que convierta a los enemigos de su Iglesia,
y que, en fin, encienda por todas partes
el fuego
de su ardiente caridad, que nos colme de alegría
en medio de las tribulaciones
de esta vida
y de esperanza para el porvenir.
Amén. |
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