Dios quiere que todos, cada uno en su estado,
lleguen a ser santos.
Este es el signo de la santidad:
decidirse a dar el corazón enteramente a Dios.
Dios no puede dar los buenos deseos
sin dar las fuerzas para realizarlos.
Procura ser santo, sé santo.
Los santos no llegan a alto grado de perfección
delante de Dios por medio de dones extraordinarios
u obrando maravillas:
llegan por medio del ejercicio de las virtudes cristianas,
vividas en perfecta uniformidad a la voluntad divina.
En esto consiste la perfección:
hacer en todo la voluntad de Dios.
Toda la santidad consiste en el amor de Dios,
por eso cuando es más grande el amor de Dios
entonces es mayor la santidad.
Dios nos ha hecho libres
y no trabaja en nuestro corazón
si nosotros no queremos.
Un alma imbuida del amor de Dios,
no tiene miedo de iniciar cualquier actividad importante,
aunque cueste esfuerzos, privaciones, sacrificios,
con tal de dar gloria a Dios,
no confiando nada,
absolutamente nada en sí mismo.
El amor de Dios no puede estar solo:
necesariamente debe juntarse
con el amor del prójimo.
Estos dos amores son como dos arroyos que nacen
de
la misma fuente y no pueden estar separados uno del otro.
Cuando la piedad es verdadera
acompaña más
a los pecadores
que a las personas
con buena espiritualidad.
Es así porque los pecadores ven que tienen que luchar
y
sacrificarse más y lo hacen con buena disposición,
para poder ofrecer a Dios
algún sacrificio de mayor peso.
La verdadera piedad es humilde y la humildad es edificante.
Teme únicamente el pecado,
porque en realidad es el único y verdadero mal.
El pecado es como una espina metida en el corazón:
hasta que no se saca no deja de pinchar.
Cuando cada pecador se encuentra en pecado mortal
está en un mal estado;
cuando se ha acostumbrado
al pecado está en un pésimo estado.
Un medio eficaz para alejarse de los pecados
es rezar
por la conversión de los pecadores.
Cuando puedes evitar que alguien cometa algún pecado,
aun pequeño, evítalo;
de buenas maneras y con caridad
rogándole a cada persona que no ofenda
más a Dios.
Anímate a hacerlo.
Cuando Dios quiere dar a un servidor una virtud
en grado
elevado,
generalmente permite
que sea muy tentado
contra
la misma.
Por eso si tienes fuertes tentaciones
contra la fe
quiere decir que Dios te quiere dar una fe muy viva:
si las tienes contra la castidad
significa que Dios te quiere
enriquecer con
una castidad muy perfecta.
El demonio nos tienta para llevarnos al vicio,
mientras que Dios permite la tentación
para que
nos fortalezcamos en las virtudes.
¡Ora! Decir que no se puede sólo es fruto del no querer.
La oración es remedio para todos los males,
pero no se conoce remedio contra la falta de oración.
En la oración Dios no mira la precisión
del lenguaje de
los labios:
los hombres se fijan en estas pequeñeces,
Dios mira el lenguaje del corazón.
El espíritu de oración se cultiva admirablemente
en la soledad y en el retiro.
Cuando necesitas obtener alguna gracia,
especialmente
si es de cierta importancia,
haz orar
a los niños.
La Santa Iglesia desde los primeros siglos reconocía
un valor especial
a la oración
de los niños
y por eso quería que ellos especialmente oraran
en la Liturgia de la Misa.
Como en el mundo con el dinero se resuelven
todas las necesidades materiales
así con la oración se solucionan
todas las necesidades espirituales.
La santa Comunión, más que cualquier otro medio,
más que cualquier otro Sacramento,
hace a los Santos,
produce la santidad.
El objetivo directo que tuvo Jesús al instituir la Eucaristía
no fue el de hacerse respetar,
sino más bien el de hacerse amar.
Puede ser cierto que todavía no estás muy bien dispuesto
a la Comunión frecuente
y diaria,
pero cree también
que la Comunión frecuente y diaria te dará la capacidad
de llegar a esto.
No hay tentaciones tan fuertes que no se puedan
vencer de veras
con la Comunión bien recibida.
Recuerda que la Comunión espiritual
es un abrazo interior
que se cumple
con un acto de amor,
como si recibiéramos verdaderamente a Jesús.
Una iglesia donde se conserva el Santísimo Sacramento
es el Paraíso en la tierra,
porque allí está realmente
la presencia de Aquel que constituye el Paraíso
del cielo.
Los templos donde está el Sagrario nunca deberían
encontrarse vacíos y desiertos,
al contrario,
debería encontrarse siempre un grupito de personas
devotas que,
junto con los Ángeles, adoren al Señor.
¿Qué tipo de amistad tiene aquel que pasando cerca
de la casa de su amigo no se para
a saludarlo?
Pero, ¿que digo?, mucho más que una palabra.
Con los amigos
se comparten
horas sin darse cuenta:
solamente en compañía de Jesús un cuarto
de hora
nos parece interminable.
Un modo fácil de hacer la visita al Santísimo
Sacramento puede ser este:
se ama, se alaba, se agradece, se pide.
Si tuviéramos fe viva, si tuviéramos amor verdadero,
buscaríamos mil maneras
para hacer el bien
y honrar a Jesús en el Sagrario.
El amor tiene inventiva y busca miles de formas
para explicarse, y cuando es más ardiente
sabe encontrar mejores formas para manifestarse.
Tienes que convencerte que un buen confesor
es un gran don de Dios;
si todavía no lo tienes
deberías pedirlo en la oración.
Un buen confesor es otro Angel puesto por Dios
al lado del hombre en esta tierra
como su custodio visible.
Cuando habla el confesor considera que habla el Señor.
Este es el primer acto de justicia:
que nosotros amemos a Jesucristo.
El amor hacia Jesucristo no se debe caracterizar
por un afecto solamente interior,
sino que
debe pasar a los hechos.
Muchos cristianos no aman a Jesús
porque no quieren sufrir nada por amor a Él.
Es este mundo: ¿dónde se encuentra Jesús?
Se encuentra en la Cruz,
unido a la cruz:
de tal manera
que no se lo puede encontrar separado
de la cruz,
y no se lo puede abrazar
si no se abraza también
la cruz.
El más seguro distintivo de las personas que quieren
ser todas de Jesús
es el amor a la Cruz.
Si quieres ser de veras de Jesús,
tienes que abandonarte en la Cruz con El.
Dios no permite ninguna tribulación si no es por amor.
O hay que renunciar a la amistad de Dios
o hay que aceptar ser perseguido.
Si quieres estar con Jesús, acomódate en la Cruz con Él,
pero alegremente.
A quienes llevan en su corazón a Jesús y a María por amor,
aun las cruces más pesadas les resultan livianas.
Abandonémonos en las manos de Dios,
dejemos que Él disponga de cada cosa nuestra,
ocupémonos solamente de amarlo: Él pensará en todas nuestras necesidades.
Lejos el desaliento.
No permitas que el miedo te empequeñezca el corazón.
¡Coraje en Dios...!
Humildad no es creerse capaces de poco o nada:
esto podría ser también
fruto
de una miserable tontería
o tibieza: más bien significa creerte capaces
de todo
con la Gracia de Dios.
La humildad es la medida de la santidad:
quien es más santo es más humilde.
No existe en la tierra ni libro ni maestro
que puedan enseñar
la verdadera humildad.
El primer acto de humildad es pedirle esta virtud a Dios.
Hay que tener mucho cuidado:
a veces la soberbia se reviste de las apariencias
de la misma humildad.
No te asustes si te parece que no sabes humillarte,
es decir que no sabes hacer
actos de humildad:
más bien di y repite: "Señor, dame la humildad, dame la humildad".
Esta oración suplirá los otros actos de humildad
que no sabes hacer.
Medios para curarse de la soberbia:
1. pedir a Dios la humildad con la oración y
ejercitarla
haciendo muchos actos orando.
2. meditación y lectura espiritual.
3. Examen del corazón.
¿Saben cuales son las personas
verdaderamente soberbias?
Aquellas que no se dan cuenta para nada
de que les falta la humildad.
Cuando habla Dios no se debe discutir,
no se debe pretender de comprender
las razones
de sus órdenes: humildemente se debe obedecer.
Sin la mortificación no tengas la esperanza
de mantener puro tu corazón:
no tengas la esperanza
de saber amar y saber rezarle a Jesús como corresponde.
Cada sacrificio, aunque sea pequeño,
llega a ser grande
a los ojos de Dios
si está hecho por su amor.
Una cosa es ser pobres otra es tener la virtud de la pobreza.
Son muchos los pobres que no tienen esta virtud y hay ricos
que la poseen.
Sí, porque la virtud consiste en la capacidad
de desprendimiento.
Toca el corazón de Dios quien toca a los pobres.¡Cuidado!
El corazón del rico, apegado a los bienes de la tierra
es como un lugar de espinas
donde la semilla del Evangelio,
después que ha empezado a brotar y crecer,
es ahogada.
Observa si el amor al dinero te hace faltar a tus deberes.
Si por la ganancia dejas
de santificar
la fiesta y de recibir
los Sacramentos, si descuidas la educación
de tus hijos,
si no te sientes motivados a hacer limosnas según tu posibilidad...
estos son signos de avaricia.
El vicio del interés es aquello que dio inicio
a la Pasión de Jesús.
Los santos demuestran su amor a Dios
con frecuentes actos de caridad:
en cambio María lo amó con un solo acto, incesante.
La devoción a María Santísima es un signo de predestinación;
quiere decir que
la persona devota de María tiene una razón
especial de confiar en que
no le va a faltar el Paraíso.
El amor es la medida del dolor.
Habría que conocer cuanto María amaba a su Hijo
para obtener una idea de su dolor a los pies de la cruz.
La verdadera devoción implica amistad y la amistad
exige semejanza
entre personas amigas.
Madres, hagan todo lo posible para que vuestros hijos
crezcan devotos de
la Virgen María.
Muéstrenles a tiempo esta Madre celestial:
Ella se los mantendrá respetuosos y cariñosos,
inclusive hacia ustedes.
Si amas a María te debes caracterizar por dos virtudes:
la primera es la obediencia, la otra es la santa pureza.
Hay muchos cristianos que sienten escrúpulos
si abandonan el rezo del santo Rosario;
pero en su impaciencia lo rezan sin ocupar
el tiempo necesario,
el que corresponde.
De modo que
lo apuran de tal forma que llega a ser una oración sacudida,
no grata
a Dios
y a la Virgen, más bien desagradable
porque las obras de Dios
hechas con negligencia
no pueden de ninguna manera ser bien recibidas por
la Santísima Virgen y mucho menos
por nuestro Señor.
Amemos la santa Iglesia, amémosla mucho,
porque de esta manera amamos a Jesús.
¡Si supiéramos cuánto ama Jesús a su Iglesia!
La ha santificado con su sangre,
la quiere gloriosa,
sin mancha, sin arruga o imperfección...
Evidentemente
sería imposible amar a Jesús
sin amar a la Iglesia, su queridísima esposa.
Tenemos que obedecer a la Iglesia.
Ella tiene la autoridad de mandar:
la ha recibido de Jesús mismo.
Esposa de Jesús, Ella es nuestra Madre
y los hijos deben obedecer a la Madre:
si no le obedecen, ciertamente no la aman.
Un corazón que ama ardientemente al Señor
no puede conformarse simplemente
con el afecto.
El amor verdadero jamás puede ser ocioso.
Sácate de encima la pereza, elimina la desidia.
Es una gran vergüenza que
mientras
los enemigos de Dios
son tan activos para combatir la santa Religión,
nosotros somos
tan fríos para defenderla:
nosotros, sus amigos.
Para que te salga bien algo que emprendiste procura
que no le falte este triple fundamento:
buena intención, oración y consejo.
Son pocas las personas que quieren hacer el bien
haciendo algún aporte en dinero.
La excusa 'yo no puedo gastar' es de mucho daño,
porque no se puede hacer un gran bien
cuando
no se quieren hacer sacrificios en dinero.
La virtud de la prudencia no consiste en la omisión
sino en la elección de medios eficaces
para conseguir el fin.
No hay que dejarse atemorizar o frenar por
comentarios,
censuras...
que nunca dejan de molestar a cualquiera que
empiece
alguna obra buena,
por el solo hecho que tiene
el aire de novedad.
Si quieres llevar una vida siempre alegre
en primer lugar es necesario que
no tengas
la conciencia manchada por el pecado.
En segundo lugar,
no debes aspirar a ser feliz
en este mundo.
Muchos se desesperan por no poder llegar
a la perfección cristiana,
es porque proyectan
o están construyendo sobre sus fuerzas
y no sobre las fuerzas de la Gracia de Dios.
Dios prometió el premio no a quien haya
empezado el camino,
sino a quien haya perseverado.
Necias aquellas personas que siempre dicen:¡haremos, haremos!
¿Cuándo harán ustedes? ¿De aquí a un año?
¿Pero estarán todavía en este mundo?
¿Qué saben? ¿Quién les asegura un mes de vida? ¿Quién asegura inclusive menos?
Necias las personas que dicen ¡'haremos, haremos'!
Las personas sabias y llenas de juicio
son aquellas que dicen:
¡'hagamos, hagamos en seguida!,
pensando que puede faltarle el tiempo
para hacer más adelante.
Si hemos decidido hacernos santos y pronto,
el primer medio para esto
es
hacer a Dios
un ofrecimiento total de nosotros mismos.
Para que lleguemos a ser santos son necesarias dos cosas:
la Gracia de Dios y nuestra voluntad.
La gracia de Dios actúa con mayor fuerza y virtud,
en la medida que encuentra
en nosotros
menos obstáculos,
es decir menor amor propio y apegos terrenales.